viernes, 16 de enero de 2015

Monigote en la arena

La arena estaba tibia y jugaba a cambiar de colores cuando la soplaba el viento. Laurita apoyó la cara sobre un montoncito y le dijo:
—Por ser tan linda y amarilla te voy a dejar un regalo —y con la punta del dedo dibujó un monigote de seda y se fue.
Monigote quedó solo, muy sorprendido. Oyó como cantaban el agua y el viento. Vio las nubes acomodándose una al lado de la otra para formar cuadros pintados. Vio las mariposas azules que cerraban las alas y se ponían a dormir sobre los caracoles.
—Hola —dijo monigote, y su voz sonó como una castañuela de arena.
El agua lo oyó y se puso a mirarlo encantada.
—Glubi glubi, monigote en la arena es cosa que dura poco —dijo preocupada y dio dos pasos hacia atrás para no mojarlo—. ¡Qué monigote más lindo, tenemos que cuidarte!
—¿Qué? ¿Es que puede pasarme algo malo? —preguntó monigote tirándose de los botones como hacía cuando se ponía nervioso.
—Glubi glubi, monigote en la arena es cosa que dura poco —repitió el agua, y se fue a a avisar a las nubes que había un nuevo amigo pero que se podía borrar.
—Flu flu —cantaron las nubes—, monigote en la arena es cosa que dura poco. Vamos a preguntar a las hojas voladoras cómo podemos cuidarlo.
Monigote seguía tirándose los botones y estaba tan preocupado que ni siquiera probó los caramelitos de flor de durazno que le ofrecieron las hormigas.
—Crucri crucri —cantaron las hojas voladoras—. Monigote en la arena es cosa que dura poco. ¿Qué podemos hacer para que no se borre?
El agua tendió lejos su cama de burbujas para no mojarlo. Las nubes se fueron hasta la esquina para no rozarlo. Las hojas no hicieron ronda. La lluvia no llovió. Las hormigas hicieron otros caminos.
Monigote se sintió solo solo solo.
—No puede ser —decía con su vocecita de castañuela de arena—, todos me quieren pero porque me quieren se van. Así no me gusta.
Hizo "cla cla cla" para llamar a las hojas voladoras.
—No quiero estar solo —les dijo—, no puedo vivir lejos de los demás, con tanto miedo. Soy un monigote de arena. Juguemos, y si me borro, por lo menos me borraré jugando.
—Crucri crucri —dijeron las hojas voladoras sin saber qué hacer.
Pero en eso llegó el viento y armó un remolino.
—¿Un monigote de arena? —silbó con alegría—. Monigote en la arena es cosa que dura poco. Tenemos que hacerlo jugar.
"Cla cla cla", hizo monigote porque el remolino era como una calesita.
Las hojas voladoras se colgaron del viento para dar vueltas.
El agua se acercó tocando su piano de burbujas.
Las nubes bajaron un poquito, enhebradas en rayos de sol.
Monigote jugó y jugó en medio de la ronda dorada, y rió hasta el cielo con su voz de castañuela.
Y mientras se borraba siguió riendo, hasta que toda la arena fue una risa que juega a cambiar de colores cuando la sopla el viento.
Laura Devetach
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Palabras para consolar a un cuaderno

Hola cuaderno.
Ya sé que se marchitan tus hojas en verano
que te arrinconan cuando estás escrito
y te prefieren
con hojas en blanco.
Aquí voy flotando en un día largo
viento a favor
cabeza con pájaros.
Y escribo en vos como en la arena
cuaderno
silenciosa alcancía
de todo lo que canto.



por Laura Devetach



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La planta de Bartolo

El buen Bartolo sembró un día un hermoso cuaderno en un macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores.
Pronto la plantita comenzó a dar cuadernos. Eran cuadernos hermosísimos, como esos que gustan a los chicos. De tapas duras con muchas hojas muy blancas que invitaban a hacer sumas y restas y dibujitos.
Bartolo palmoteó siete veces de contento y dijo:
—Ahora, ¡todos los chicos tendrán cuadernos!
¡Pobrecitos los chicos del pueblo! Estaban tan caros los cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribían mucho y los iban terminando, se enojaban y les decían:
—¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen!
Y los pobres chicos no sabían qué hacer.
Bartolo salió a la calle y haciendo bocina con sus enormes manos de tierra gritó:
—¡Chicos!, ¡tengo cuadernos, cuadernos lindos para todos! ¡El que quiera cuadernos nuevos que venga a ver mi planta de cuadernos!
Una bandada de parloteos y murmullos llenó inmediatamente la casita del buen Bartolo y todos los chicos salieron brincando con un cuaderno nuevo debajo del brazo.
Y así pasó que cada vez que acababan uno, Bartolo les daba otro y ellos escribían y aprendían con muchísimo gusto.
Pero, una piedra muy dura vino a caer en medio de la felicidad de Bartolo y los chicos. El Vendedor de Cuadernos se enojó como no sé qué.
Un día, fumando su largo cigarro, fue caminando pesadamente hasta la casa de Bartolo. Golpeó la puerta con sus manos llenas de anillos de oro: ¡Toco toc! ¡Toco toc!
—Bartolo —le dijo con falsa sonrisa atabacada—, vengo a comprarte tu planta de hacer cuadernos. Te daré por ella un tren lleno de chocolate y un millón de pelotitas de colores.
—No —dijo Bartolo mientras comía un rico pedacito de pan.
—¿No? Te daré entonces una bicicleta de oro y doscientos arbolitos de navidad.
—No.
—Un circo con seis payasos, una plaza llena de hamacas y toboganes.
—No.
—Una ciudad llena de caramelos con la luna de naranja.
—No.
—¿Qué querés entonces por tu planta de cuadernos?
—Nada. No la vendo.
—¿Por qué sos así conmigo?
—Porque los cuadernos no son para vender sino para que los chicos trabajen tranquilos.
—Te nombraré Gran Vendedor de Lápices y serás tan rico como yo.
—No.
—Pues entonces —rugió con su gran boca negra de horno—, ¡te quitaré la planta de cuadernos! —y se fue echando humo como la locomotora.
Al rato volvió con los soldaditos azules de la policía.
—¡Sáquenle la planta de cuadernos! —ordenó.
Los soldaditos azules iban a obedecerle cuando llegaron todos los chicos silbando y gritando, y también llegaron los pajaritos y los conejitos.
Todos rodearon con grandes risas al vendedor de cuadernos y cantaron "arroz con leche", mientras los pajaritos y los conejitos le desprendían los tiradores y le sacaban los pantalones.
Tanto y tanto se rieron los chicos al ver al Vendedor con sus calzoncillos colorados, gritando como un loco, que tuvieron que sentarse a descansar.
—¡Buen negocio en otra parte! —gritó Bartolo secándose los ojos, mientras el Vendedor, tan colorado como sus calzoncillos, se iba a la carrera hacia el lugar solitario donde los vientos van a dormir cuando no trabajan.

Cuento extraído, con autorización de su autora, del libro La torre de cubos (Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1985, colección Libros del Malabarista).
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jueves, 8 de enero de 2015

Palabras para conocer

Arrope 

Es un jarabe dulce y espeso, muy popular en el Noroeste argentino, es considerado una de las primeras golosinas de la humanidad. 
El arrope es un jarabe que puede prepararse a partir de diferentes frutas. 
Por ejemplo, en Santiago del Estero, es muy común el arrope de tuna, que es el fruto de cierto tipo de cactus predominante en los patios familiares.



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La alpaca

Es una especie de camélido sudamericano más numerosa y pequeña. 
Parecida a la llama y al guanaco en su aspecto externo, difiere en peso y tamaño puesto que un ejemplar adulto mide entre 81 y 99 centímetros de altura y su peso oscila entre 48 y 84 kilogramos.



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Tiene orejas grandes y puntiagudas. 
El cuerpo es delgado y sobresale un largo cuello angosto; por supuesto, dicho cuello delgado es perceptible cuando no está cubierto de lana, ya que ésta crece hasta 50 centímetros y posee variedad de coloraciones blancas, marrones y negras. 
El pelaje puede ser de un color uniforme o multicolor.
Sus dientes caninos están posicionados en ambos maxilares y miden unos 3 centímetros de longitud. 
La hembra no tiene los caninos tan desarrollados como el macho, pero con excepción de esta característica, ambos sexos son parecidos físicamente.
La fibra alpaca no es tratada, lo que significa que solamente fue lavada y que no fue sometida a ningún tratamiento químico antes del teñido. 
Esto realza las cualidades naturales de la fibra y, al mismo tiempo, le confiere una mejor forma y calidad de textura.




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sábado, 3 de enero de 2015

Llegaron Ya Los Reyes

Llegaron ya los reyes eran tres
Melchor, Gaspar y el negro Baltasar.
Arrope y miel, le llevarán,
y un poncho blanco de alpaca real.


Changos y chinitas duermanse
que ya Melchor Gaspar y Baltasar,
todos los regalos dejarán
para jugar mañana al despertar.


El niño Dios muy bien lo agradeció
comió la miel y el poncho ,lo abrigó
y fue después, que sonrió,
y a media noche el sol despertó.

Villancico


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Los Reyes Magos, Mercedes Sosa

El martes 6 de enero llegan los Reyes Magos!!!

Para celebrar un buen día de los Reyes Magos es necesario con anterioridad haber seguido unos pasos... Portarse bien. 
Portarse bien durante todo el año.
 La carta a los reyes magos.
 Escribir una sincera y linda carta con los pedidos y hablarles a los Reyes de cómo nos hemos portado y cómo nos vamos a portar en el futuro... 
 Se puede dirigir a uno de los tres reyes magos (Melchor, Gaspar o Baltasar) o los tres. 
Hay que poner todos los pedidos de regalos y deseos. 
 Pedí buenos deseos, así los reyes serán más generosos con los juguetes. 
 Recordá que debes decir la verdad. 
 Entregar al carta a los Reyes, bien escrita, sin faltas de ortografía (que te ayuden tus papas)...
Y colocarla cerca o sobre tus zapatos o zapatillas (que estén bien limpitos, así ellos sabrán que sos un chico pulcro). 
 Cenar pronto y comer un pedacito de Rosca. 
 Después de la cena, una porcioncita de rosca de reyes, lo que nos salga en ella es un presagio de la suerte que vamos a tener el día de Reyes. 
 Prepararlo todo esa noche de Reyes. 
 Hay que irse a dormir temprano esa noche. 
Pero antes hay que dejar todo preparado. 
 El sitio donde van a dejar lo regalos, agua, algo de alimento y bebida para los Reyes y sus camellos...
 Por la mañana, el día de Reyes, ir a despertar a los padres para que nos acompañen a ver los regalos que nos han dejado... 
 Suerte y ¡feliz día de Reyes chicos!!!


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