domingo, 1 de marzo de 2015

Feliz comienzo chicos!!!

♥Empezar las clases es lo más hermoso que te pueda pasar.
Por eso vivila como una aventura hermosa llena de oportunidades.
Feliz comienzo!!!♥


 "La escuela puede ser un lugar

donde todo lo puedo encontrar,
si me dejan... buscar.

Y puede ser un largo viaje de placer,
una aventura,
un buen lugar para crecer,
un espacio libre...
para imaginar el porvenir".

 Hugo Midón



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miércoles, 18 de febrero de 2015

Los carnavales y su historia

Para conversarlo con los papás.... 
 Ilusión, disfraces, colores, pinturas, máscaras, bailes, canciones, mucha diversión y, sobre todo, los desfiles de Carnaval.
 Todo ello marca el caracter de la fiesta, pero ¿por qué la gente se disfraza durante el carnaval? Guiainfantil se remonta a los orígenes del Carnaval para despejar todo tipo de dudas acerca de esta divertida fiesta.  photo juegoscarnaval-p_zpslkxjfyrx.jpg El Carnaval está asociado principalmente con el catolicismo y en menor medida con los cristianos ortodoxos orientales; las culturas protestantes no suelen celebrar el carnaval o tienen tradiciones modificadas, como el carnaval danés. Los orígenes del Carnaval en el mundo 
 Los verdaderos orígenes del Carnaval todavía son una incógnita. 
No hay cómo comprobar científicamente dónde y cuándo nació el Carnaval. Los estudios estiman que las primeras celebraciones que más tarde tomarían el nombre de Carnaval, se realizaron años antes del nacimiento de Cristo y tienen su origen en las fiestas relacionadas con la agricultura.
 Parece ser que los campesinos se reunían en verano con los rostros enmascarados y los cuerpos totalmente pintados, alrededor de una hoguera, para celebrar la fertilidad y la productividad del suelo, o bien para alejar los malos espíritus de la cosecha. La primera celebración carnavalesca se localiza en Egipto. 
La fiesta no era nada más que danza, cánticos, y los participantes usaban máscaras y disfraces como símbolo de la inexistencia de clases sociales. Después la tradición se extendió a Grecia.
 Allá por el siglo VI a. C., existía la costumbre de pasear un barco con ruedas (carrus navalis) donde la gente bailaba todo tipo de danzas. 
 En Roma, se realizaban numerosas fiestas paganas en torno al dios Baco, el dios del vino, que cuentan con más de 5.000 años de antiguedad. Ambas ceremonias tenían un punto en común. Estaban asociadas a fenómenos espirituales, astronómicos y a ciclos naturales. Asimismo, se manifestaban a través de expresiones como la danza, los cánticos, la sátira, las máscaras y el desorden. 
En una sociedad con tantas diferencias sociales, las fiestas suplían la necesidad de libertad para todos. 
Ricos y pobres se mezclaban durante el carnaval, sin reconocerse bajo la tela y las máscaras del disfraz.  photo significadocarnaval-p_zps7ozibcgm.jpg El Carnaval, la fiesta más internacional Rápidamente, el carnaval llegó a Venecia, y de ahí, se fue extendiendo por todo el mundo. 
Poco a poco, fue moldeando sus características, dependiendo de las costumbres propias de cada país. Cada ciudad fue incorporando los hábitos propios de su cultura. Pero, por lo general, el carnaval se define a través de máscaras, disfraces, carrozas, desfiles y bailes, algo común en todas las celebraciones, indistintamente del lugar en el que tenga cabida la celebración del Carnaval. De hecho, actualmente el carnaval de Venecia es uno de los más conocidos a nivel europeo. 
La tradición comenzó cuando la nobleza comenzó a disfrazarse para salir a mezclarse con el pueblo. Las máscaras son el elemento más importante de este característico carnaval. Desde entonces, ha continuado esta tradición que se ha ido expandiendo por Europa, y más tarde por América Latina gracias a los navegantes españoles y portugueses, a partir del siglo XV. 
 Uno de los lugares del mundo donde el Carnaval tiene más fama es Brasil, donde todas las ciudades se echan a la calle para rendir culto al Carnaval a ritmo de samba. Es uno de los desfiles más espectaculares que se organizan a nivel mundial. Según el Libro Guiness de los Récords, la celebración del carnaval más grande del mundo es la de Río de Janeiro. 
Otros carnavales internacionalmente famosos son los de Barranquilla en Colombia, Oruro en Bolivia, Venecia en Italia, Veracruz y Mazatlán en México, y Cádiz y Tenerife en España. Ante todo, los carnavales suponen diversión... ¡mucha diversión!

sábado, 31 de enero de 2015

Palito Ortega...Me gusta el mar

RONDA DE LAS PALABRAS

Las palabras redondas burbuja y globo

jugaban a la mancha por la rotonda
cuando las puntiagudas punzón y clavo
de un pinchazo certero las desinflaron.

Arre ronda redonda por la rotonda.
Vinieron de visita avión y cohete

se pusieron al lado de barrilete
y volando volando como avionetas
a punzón le rasparon punta y lanceta.

Arre ronda redonda por la rotonda.
Llegaron más palabras casi cuadradas:

azulejo mosaico portarretratos 
y otras verdes reverdes : árbol, avena
hoja selva alfalfa bosque y pradera.

Arre ronda redonda por la rotonda
Aparecieron otras muy barulleras

televisión serrucho martillo radio
y otras palabras altas, inalcanzables:
estrella cielo ozono sol Sagitario.

Arre ronda redonda por la rotonda.
Y al final de la ronda por la rotonda

se acoplaron palabras tiernas y buenas
corazón beso juego mamá caricia
tata ángel cumpleaños cuento y abuela.

Arre ronda que ronda arre redonda

Arre ronda que ronda por la rotonda.




Martha Dora Arias.
de “Voces de pájaros y sueños”



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viernes, 16 de enero de 2015

Monigote en la arena

La arena estaba tibia y jugaba a cambiar de colores cuando la soplaba el viento. Laurita apoyó la cara sobre un montoncito y le dijo:
—Por ser tan linda y amarilla te voy a dejar un regalo —y con la punta del dedo dibujó un monigote de seda y se fue.
Monigote quedó solo, muy sorprendido. Oyó como cantaban el agua y el viento. Vio las nubes acomodándose una al lado de la otra para formar cuadros pintados. Vio las mariposas azules que cerraban las alas y se ponían a dormir sobre los caracoles.
—Hola —dijo monigote, y su voz sonó como una castañuela de arena.
El agua lo oyó y se puso a mirarlo encantada.
—Glubi glubi, monigote en la arena es cosa que dura poco —dijo preocupada y dio dos pasos hacia atrás para no mojarlo—. ¡Qué monigote más lindo, tenemos que cuidarte!
—¿Qué? ¿Es que puede pasarme algo malo? —preguntó monigote tirándose de los botones como hacía cuando se ponía nervioso.
—Glubi glubi, monigote en la arena es cosa que dura poco —repitió el agua, y se fue a a avisar a las nubes que había un nuevo amigo pero que se podía borrar.
—Flu flu —cantaron las nubes—, monigote en la arena es cosa que dura poco. Vamos a preguntar a las hojas voladoras cómo podemos cuidarlo.
Monigote seguía tirándose los botones y estaba tan preocupado que ni siquiera probó los caramelitos de flor de durazno que le ofrecieron las hormigas.
—Crucri crucri —cantaron las hojas voladoras—. Monigote en la arena es cosa que dura poco. ¿Qué podemos hacer para que no se borre?
El agua tendió lejos su cama de burbujas para no mojarlo. Las nubes se fueron hasta la esquina para no rozarlo. Las hojas no hicieron ronda. La lluvia no llovió. Las hormigas hicieron otros caminos.
Monigote se sintió solo solo solo.
—No puede ser —decía con su vocecita de castañuela de arena—, todos me quieren pero porque me quieren se van. Así no me gusta.
Hizo "cla cla cla" para llamar a las hojas voladoras.
—No quiero estar solo —les dijo—, no puedo vivir lejos de los demás, con tanto miedo. Soy un monigote de arena. Juguemos, y si me borro, por lo menos me borraré jugando.
—Crucri crucri —dijeron las hojas voladoras sin saber qué hacer.
Pero en eso llegó el viento y armó un remolino.
—¿Un monigote de arena? —silbó con alegría—. Monigote en la arena es cosa que dura poco. Tenemos que hacerlo jugar.
"Cla cla cla", hizo monigote porque el remolino era como una calesita.
Las hojas voladoras se colgaron del viento para dar vueltas.
El agua se acercó tocando su piano de burbujas.
Las nubes bajaron un poquito, enhebradas en rayos de sol.
Monigote jugó y jugó en medio de la ronda dorada, y rió hasta el cielo con su voz de castañuela.
Y mientras se borraba siguió riendo, hasta que toda la arena fue una risa que juega a cambiar de colores cuando la sopla el viento.
Laura Devetach
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Palabras para consolar a un cuaderno

Hola cuaderno.
Ya sé que se marchitan tus hojas en verano
que te arrinconan cuando estás escrito
y te prefieren
con hojas en blanco.
Aquí voy flotando en un día largo
viento a favor
cabeza con pájaros.
Y escribo en vos como en la arena
cuaderno
silenciosa alcancía
de todo lo que canto.



por Laura Devetach



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La planta de Bartolo

El buen Bartolo sembró un día un hermoso cuaderno en un macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores.
Pronto la plantita comenzó a dar cuadernos. Eran cuadernos hermosísimos, como esos que gustan a los chicos. De tapas duras con muchas hojas muy blancas que invitaban a hacer sumas y restas y dibujitos.
Bartolo palmoteó siete veces de contento y dijo:
—Ahora, ¡todos los chicos tendrán cuadernos!
¡Pobrecitos los chicos del pueblo! Estaban tan caros los cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribían mucho y los iban terminando, se enojaban y les decían:
—¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen!
Y los pobres chicos no sabían qué hacer.
Bartolo salió a la calle y haciendo bocina con sus enormes manos de tierra gritó:
—¡Chicos!, ¡tengo cuadernos, cuadernos lindos para todos! ¡El que quiera cuadernos nuevos que venga a ver mi planta de cuadernos!
Una bandada de parloteos y murmullos llenó inmediatamente la casita del buen Bartolo y todos los chicos salieron brincando con un cuaderno nuevo debajo del brazo.
Y así pasó que cada vez que acababan uno, Bartolo les daba otro y ellos escribían y aprendían con muchísimo gusto.
Pero, una piedra muy dura vino a caer en medio de la felicidad de Bartolo y los chicos. El Vendedor de Cuadernos se enojó como no sé qué.
Un día, fumando su largo cigarro, fue caminando pesadamente hasta la casa de Bartolo. Golpeó la puerta con sus manos llenas de anillos de oro: ¡Toco toc! ¡Toco toc!
—Bartolo —le dijo con falsa sonrisa atabacada—, vengo a comprarte tu planta de hacer cuadernos. Te daré por ella un tren lleno de chocolate y un millón de pelotitas de colores.
—No —dijo Bartolo mientras comía un rico pedacito de pan.
—¿No? Te daré entonces una bicicleta de oro y doscientos arbolitos de navidad.
—No.
—Un circo con seis payasos, una plaza llena de hamacas y toboganes.
—No.
—Una ciudad llena de caramelos con la luna de naranja.
—No.
—¿Qué querés entonces por tu planta de cuadernos?
—Nada. No la vendo.
—¿Por qué sos así conmigo?
—Porque los cuadernos no son para vender sino para que los chicos trabajen tranquilos.
—Te nombraré Gran Vendedor de Lápices y serás tan rico como yo.
—No.
—Pues entonces —rugió con su gran boca negra de horno—, ¡te quitaré la planta de cuadernos! —y se fue echando humo como la locomotora.
Al rato volvió con los soldaditos azules de la policía.
—¡Sáquenle la planta de cuadernos! —ordenó.
Los soldaditos azules iban a obedecerle cuando llegaron todos los chicos silbando y gritando, y también llegaron los pajaritos y los conejitos.
Todos rodearon con grandes risas al vendedor de cuadernos y cantaron "arroz con leche", mientras los pajaritos y los conejitos le desprendían los tiradores y le sacaban los pantalones.
Tanto y tanto se rieron los chicos al ver al Vendedor con sus calzoncillos colorados, gritando como un loco, que tuvieron que sentarse a descansar.
—¡Buen negocio en otra parte! —gritó Bartolo secándose los ojos, mientras el Vendedor, tan colorado como sus calzoncillos, se iba a la carrera hacia el lugar solitario donde los vientos van a dormir cuando no trabajan.

Cuento extraído, con autorización de su autora, del libro La torre de cubos (Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1985, colección Libros del Malabarista).
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